2018 un año para reducir la desigualdad

    Y si todo va tan bien ¿Cómo es que la gente no nota esa mejoría económica? ¿Cómo no llega a la ciudadanía la distribución de esa riqueza recuperada? Probablemente no se nota porque no es oro todo lo que reluce. El gobierno siempre olvida dar otras cifras que marcan las negativas consecuencias que los y las trabajadoras y la mayoría social siguen sufriendo.

    04/01/2018.
    Retrato Manuel Pina

    Retrato Manuel Pina

    Durante 2017 el gobierno ha utilizado diferentes datos y cifras económicas para hacernos ver que la crisis había acabado. Nos ha dicho que el paro no hace más que reducirse, que el PIB ha recuperado el valor previo a la crisis de 2008 o que hay un importante crecimiento de beneficios en las empresas. Y todo ello mientras la economía lleva creciendo cuatro años seguidos.

    Y si todo va tan bien ¿Cómo es que la gente no nota esa mejoría económica? ¿Cómo no llega a la ciudadanía la distribución de esa riqueza recuperada? Probablemente no se nota porque no es oro todo lo que reluce. El gobierno siempre olvida dar otras cifras que marcan las negativas consecuencias que los y las trabajadoras y la mayoría social siguen sufriendo.

    Centrándonos en los datos de Aragón, antes de la crisis teníamos unas 33000 personas en paro, en el pico de la recesión llegamos a 117000 y en estos momentos el desempleo es de unas 70000 personas. O sea, con el PIB ya recuperado, en Aragón tenemos 37000 parados más que entonces.

    Además, el empleo recuperado es precario y de baja calidad. En concreto hay un gran crecimiento de la temporalidad hasta el 26% (el doble que en la UE) o de la contratación a tiempo parcial no deseada hasta llegar al 15% del total. Así, las personas que consiguen un nuevo empleo no tienen ni estabilidad ni seguridad en el futuro.

    Por si fuera poco, los salarios han perdido poder adquisitivo. Sirvan dos datos representativos, el primero; la mayor parte de las y los trabajadores aragoneses ni siquiera gana un euro más al mes que hace cinco años, el segundo dato; el 20% de la población está cobrando por debajo del salario de subsistencia lo pone de actualidad una realidad olvidada como la pobreza laboral.

    La foto que nos deja 2017 es un alto desempleo, una gran precariedad y temporalidad y un aumento de la desigualdad con bajos salarios como nuevo modelo de RRLL. Todo ello agravado la pérdida de derechos sociales asociados al Estado del Bienestar que ha supuesto un incremento de la desigualdad.

    Esta situación tiene que ver con la crisis más importante de las últimas décadas, pero también con decisiones políticas que han agravado el sufrimiento de la población. Sobre todo, a través de recortes, políticas de austeridad y de reformas laborales y sociales. El resultado, buscado y conseguido, ha sido: trabajadores debilitados por su disminuido poder de negociación frente a los empresarios y un Estado con menor capacidad para redistribuir renta hacia los más necesitados.

    Esta situación no hay economía que la resista, bueno matizo, no hay mayoría social que lo resista, porque la clase más acomodada ha sido y es la gran beneficiada de esas políticas.

    Decir en estas circunstancias que hemos dejado atrás la crisis es una falacia. El crecimiento desequilibrado e injusto es lo que explica que cuando se le pregunta a la gente conteste que todavía no se ha salido de la crisis y que la situación económica es mala. Y es lo que provoca esa sensación de malestar social, la política y la económica.

    Por tanto, si en 2018 no cambia nada, si no conseguimos que se deshagan algunas de las políticas que se han hecho al calor de la crisis la recuperación no llegará a millones de trabajadores y trabajadoras. En CCOO Aragón creemos que sin mayor actividad económica o gasto social y sin más empleo de calidad, la salida de la crisis no será real y sobre todo no llegará a todas las personas.

    Nosotros proponemos una nueva política laboral más equilibrada y garantista en la que se recupere la dignidad del trabajo, en la que no nos resignemos a la precariedad, en la que empleo no este basado en la contratación temporal y el despido barato como fórmula de competitividad, en la que, fortaleciendo la negociación colectiva, se mejoren los salarios, se avance hacia la igualdad laboral de mujeres y jóvenes y se apueste por la formación o por la prevención de riesgos laborales.

    Estos son los temas en los que deben centrarse en 2018 los debates políticos. Tenemos que recuperar el valor del trabajo como elemento fundamental de la condición de ciudadanía y como eje vertebrador de la sociedad.

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